¿Viajar puede ser peligroso para la salud?

Sí, si no se toman las precauciones correspondientes. El placer de viajar no está peleado con el cuidado de la salud. De hecho, el bienestar durante un viaje comienza mucho antes de abordar el avión o encender el motor del auto. Viajar expone al organismo a cambios bruscos de clima, desajustes de horarios, variaciones en la altitud y modificaciones drásticas en la alimentación habitual. Estos factores combinados pueden comprometer el sistema inmunológico si no se toman las precauciones adecuadas, transformando unas vacaciones deseadas en un periodo de convalecencia. 

Para que tu próxima aventura sea memorable por las razones correctas, te compartimos tres estrategias clave basadas en evidencia científica para blindar tu salud en el camino: 

  1. Cuida tu microbiota semanas antes

El cambio de dieta, los condimentos locales y la exposición a cepas bacterianas a las que nuestro cuerpo no está acostumbrado son los principales desencadenantes de problemas gastrointestinales fuera de casa. La famosa “Diarrea del viajero” afecta a un porcentaje considerable de turistas internacionales y nacionales cada año. 

Según datos de la American Gastroenterological Association, la prevención mediante el consumo de probióticos específicos (como Lactobacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii) al menos dos semanas antes del viaje genera una colonización competitiva en el intestino. Esto reduce la incidencia de patógenos en un alto porcentaje y fortalece la barrera epitelial del sistema digestivo (Flores et al., 2021). No se trata de tomar cualquier yogur el día del vuelo, sino de una suplementación guiada que prepare tu segundo cerebro para la gastronomía del destino. Recuerda consultar a tu médico para que te recomiende los idóneos para tu sistema. 

  1. Ergonomía y circulación en trayectos largos

Permanecer sentado por más de cuatro horas en vuelos prolongados o trayectos terrestres en carretera incrementa de forma silenciosa el riesgo de estasis venosa, el factor precursor de la trombosis venosa profunda (TVP). La falta de movimiento en las extremidades inferiores ralentiza el retorno de la sangre al corazón, propiciando la formación de coágulos. 

La World Health Organization sugiere una rutina estricta de movilidad: realizar ejercicios de flexo-extensión de tobillos y elevación de talones durante 5 minutos por cada hora de trayecto, mantener una hidratación constante exclusivamente con agua (evitando el café y el alcohol por su efecto diurético y hemoconcentrador) y utilizar medias de compresión graduada (15-20 mmHg) si se tienen factores de riesgo preexistentes como varices u obesidad (WHO, 2018). 

              PLAN DE ACCIÓN CIRCULATORIO EN TRÁNSITO          

+ Ejercicios de tobillo – Cada 60 minutos de viaje + Consumo de agua natural – 250 ml por cada hora + Uso de medias de compresión – Desde el inicio del viaje. 

  1. Sincronización del ciclo circadiano (JetLag)

Si tu viaje implica cruzar varias zonas horarias, el desajuste del sueño puede desregular el cortisol y debilitar tus defensas de manera inmediata. El desfase horario afecta no sólo el sueño, sino también la motilidad intestinal y la temperatura corporal. 

Tomar melatonina a la hora local de dormir del lugar de destino ayuda a reajustar el reloj biológico central (el núcleo supraquiasmático) hasta un 50% más rápido, disminuyendo los dolores de cabeza e insomnio asociados al viaje (Auger et al., 2015). No olvides consultar a tu médico para ver si la melatonina es recomendable para ti. 

4.-Lleva tu protección contigo 

 Viajar con bienestar significa también saber reaccionar con agilidad ante los imprevistos médicos. Con tu Tarjeta VRIM, tienes el respaldo de orientación médica 24/7, nutricional y emocional, sin importar el estado o país de destino. Si te sientes mal por un cambio de comida, sufres una insolación o necesitas la interpretación urgente de un malestar, un médico general o especialista está a tu alcance. Disfruta del camino con la certeza de que la salud te acompaña. 

Referencias 

  • Guía Clínica de Ritmo Circadiano (Jet Lag): 

Auger et al. (2015) – Journal of Clinical Sleep Medicine (PubMed) 

  • Estudio sobre Micro-pausas Laborales (Micro-breaks): 

Hunter & Wu (2016) – Journal of Applied Psychology (Vía Baylor University) 

  • Recomendaciones de Calidad del Sueño y Luz Azul: 

Ohayon et al. (2017) – Sleep Health (Vía Mayo Clinic) 

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